lunes, 10 de febrero de 2014
lunes, 27 de enero de 2014
Normas y límites
Normas y límites
Las normas son reglas que determinan nuestro comportamiento,
nuestras relaciones sociales y de convivencia.
Los límites marcan hasta donde deben llegar nuestros
comportamientos para que no interfieran en los de los demás.
Cada edad o periodo de la vida de tu hijo requiere
de unas normas y unos límites adaptados a su edad y momento de desarrollo. Las normas y límites se
irán estableciendo a medida que su hijo avanza en su proceso de desarrollo, así
como la exigencia del cumplimiento de las mismas.
¿Por qué establecer
normas y límites?
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Establecemos normas y límites por diferentes motivos:
por motivos de salud, de seguridad, de convivencia, para vivir en armonía, por
valores morales y religiosos. Es importante elegir
las propias normas que regirán la vida familiar y la de sus hijos.
¿Cómo establecer
normas y límites?
1. Dedique tiempo para elaborar las normas que considera importantes para su
familia. Los padres marcarán las categorías y su importancia, como pueden ser
las referidas a:
- La salud y seguridad de su hijo.
- El respeto a los demás y a las cosas.
- La colaboración en la dinámica de la casa.
2. Revise las normas y
límites y asegúrese que tienen importancia y que vale la
pena mantenerlas. Inculque las normas y límites adecuados, pero sin
extralimitarse, no imponga tantas que impida la libertad de su hijo.
3. Sea flexible. Sus normas y limitaciones podrán variar a medida que sus
necesidades y las de sus hijos vayan cambiando, a medida que vayan creciendo y
haciéndose mayores.
¿Cómo conseguir un respeto por las normas y límites?
A lo largo de su experiencia como padres se habrán
encontrado en más de una ocasión con la dificultad de hacer que sus hijos
cumplan con las normas que les señalan. Tengan en cuenta lo siguiente:
- Que sean
comprensibles
Las normas y límites deben ser establecidas de forma
clara y comprensible. Piense qué decir y dé instrucciones específicas y claras.
Los niños y los adolescentes necesitan oír y saber exactamente qué
comportamiento se desea de ellos.
- Deje que sus hijos
se expresen
Los niños y, sobre todo, los adolescentes,
valoran que se les tengan en cuenta a la hora de establecer limitaciones.
Cuando los hijos colaboran, es más probable que obedezcan. Sin embargo,
escucharlos no significa que tenga que estar de acuerdo y cambie las normas.
Algunas normas y limitaciones pueden establecerse
en común y otras tendrá que establecerlas usted desde su responsabilidad de padre/madre.
- Explíqueles por qué
Los niños y jóvenes tienden a obedecer más las normas
y los límites cuando comprenden las razones: “no puedes ir en bicicleta por la
ciudad porque no”, “no puedes salir este fin de semana porque no”, son normas
sin explicación; “no puedes ir en bicicleta por la ciudad porque
hay demasiado tráfico y corres peligro”; “no puedes trasnochar este fin de
semana porque el lunes tienes un examen, incluyen una explicación. Saber que
detrás de cada norma y límite hay una explicación lógica ayudará a que sus
hijos le obedezcan.
- Establecerlas antes
de aplicarlas
Intente no implantar normas imprevistas. Haga lo
posible porque sus hijos conozcan la norma antes de infringirla. ¿Cómo se
supone que su hijo va a saber que no puede ir en bicicleta por la ciudad, ni
trasnochar la víspera de exámenes, si no se lo ha dicho antes? Sus hijos deben saber
con antelación las normas y los límites.
- Recuérdelas
periódicamente
Los niños y jóvenes, a veces, olvidan las normas.
Igual que los adultos. Si nota que su hijo ha olvidado una norma, no espere
hasta que surjan los problemas; con delicadeza recuérdesela.
Pero si su hijo la olvida más de dos o tres veces
y su “recordatorio” se convierte en una rutina y/o regañina, trate de ver que está pasando
y actúe razonable, firme y consecuentemente.
- Mejor positivas que
negativas
Siempre que pueda, intente que sus normas sean “positivas”
en lugar de “negativas”. Hacen que los niños entiendan claramente el
comportamiento correcto: “Puedes jugar a la pelota fuera” en lugar de “no
juegues dentro de casa a la pelota”, o “lávate las manos antes de sentarte a la
mesa” en lugar de “no vengas a la mesa con las manos sucias”.
¿Qué hacer después
de un mal comportamiento?
A veces se puede prevenir el mal comportamiento. Otras
veces, sin embargo, tendréis que intervenir después de que vuestros hijos se
hayan portado mal. Cuando un niño se porta mal, normalmente, tendréis que
responder a ese mal comportamiento. A veces se puede hacer algo de forma fácil
para atajar el problema.
- Algunas cosas de las que se pueden hacer son:
Recordar la norma
A veces, el mero hecho de recordar una norma o
límite al niño o joven bastará para evitar un mal comportamiento: “recuerda, a
jugar al balón afuera, dentro de casa no”, o “recuerda que tienes que volver a
las doce”
Advertir de las
consecuencias
Advertir a un niño qué pasará si hace lo mismo de
nuevo puede ser efectivo, a veces: “La próxima vez que llegues más tarde de las
doce te quedarás sin salir un tiempo”. Las advertencias funcionan sólo si se
dan una o dos veces. Si advierte una vez tras otra sobre lo mismo y usted no actúa,
su hijo sabrá que no lo dice en serio. Si su hijo se sigue portando mal después
de la advertencia, tendrá que tomar medidas más serias y decididas.
Ignorar el
comportamiento
En algunas ocasiones ignorar cuando el niño o el
joven hace algo mal es una media prudente. “No oír” una palabrota, un
comentario negativo o de rechazo a alguna norma que se les escapa, puede ser la
mejor solución, a veces. Pero no la utilicen como “norma”.
Elogiar por un
comportamiento
Elogiar a su hijo cuando hace algo bien, aunque otras
veces lo haga mal, puede estimularle a hacer lo correcto más a menudo: “has
limpiado tu habitación muy bien, hoy, estoy orgulloso de ti’’. Ponga el acento
en lo positivo, no en lo negativo.
En ocasiones la disciplina suave no funciona y se
necesita algo más contundente, un enfoque más directo y persuasivo que enseñe a
vuestros hijos a no infligir de nuevo las normas y límites establecidos. Lo que
significa averiguar por qué se da el mal comportamiento y establecer cambios
que eviten que se repita.
Dichos cambios incluyen averiguar los motivos de
ese mal comportamiento y establecer consecuencias o castigos si el
comportamiento lo requiere. Para eso tenga en cuanta lo siguiente:
- ¿Por
qué se portan mal los niños y los jóvenes?
Primero conviene saber que los niños,
habitualmente, se portan mal para satisfacer sus propias necesidades, o por que
no saben hacerlo mejor aún, no para molestarles.
A veces, todavía no están preparados mentalmente
para enfrentarse a las situaciones. Un niño de tres años cruzará la calle
porque no entiende el peligro que entraña su acción.
Si la inmadurez física o mental es la causa del mal
comportamiento, usted debe asumir el control para asegurarse de que su hijo no
sufra daño.
La curiosidad normal en el ser humano es, muchas
veces, la causa del mal comportamiento de sus hijos. Un niño de dos años puede
derramar la leche para descubrir que pasa. Uno de diez años romperá un reloj
intentando entender cómo funciona. Si la curiosidad es causa de mala conducta,
una acción que obligue al niño a arreglar el daño y una explicación de qué ha
hecho mal serán lo más adecuado.
Es importante enseñarles a sus hijos cómo convertir sus sentimientos
en palabras en lugar de en acciones. Practique con ellos que expresen lo que
piensan o sientan, y escúcheles, y no que lo actúen con actos de rabia o
violencia. Déjeles simplemente que se expresen.
Consecuencias o
castigos por los comportamientos
Necesitamos mostrar a los niños que sus acciones
tienen efectos, y que cuando estos producen un daño o rompen acuerdos de normas
establecidas hay que aplicar consecuencias o castigos. Cuando vuestros hijos se
porten mal de forma deliberada, tenéis que hacer que conozcan las consecuencias
de sus acciones para que no las repitan.
Una consecuencia o castigo adecuado enseña a los
niños a no cometer el mismo error de nuevo. Las consecuencias o castigos, para
ser eficaces deben cumplir las siguientes reglas:
- Deben ajustarse a la edad del niño.
- Deben adecuarse en intensidad al comportamiento
a corregir.
- Centrarse en el comportamiento no en el niño
como persona.
- Tener algún significado y valor para el niño,
sino no cumplirá función correctiva alguna.
- Ser aplicable lo más cercanamente posible al
comportamiento que lo ha provoca
- Servir para enseñarles porqué no deben cometer
el mismo error, no para ofender o humillar al niño.
- Explicar y razonar del porque de las
consecuencias o castigo aplicado.
Aclaración entre
consecuencia y castigo
La consecuencia es la aplicación de un efecto, por una conducta inadecuada, que
trata de enseñar al niño porqué no debe cometer elmismo error de nuevo.
El castigo trata de que con ese efecto el niño se sienta incómodo y tema
portarse mal nuevamente.
La combinación de ambos modos es un buen recurso
educativo para los padres. Un ejemplo nos puede ayudar a comprender la
aplicación de las consecuencias y los castigos.
Ejemplo de la
relación entre castigo y consecuencia.
Si un niño escribe en una pared, el castigo es
mandarlo que limpie lo que ha ensuciado, con lo que se aplica la consecuencia
de lo que ha hecho, en lugar de mandarle castigado a su habitación sin
limpiarlo.
No obstante, en algunos casos de mayor rebeldía
quizás tenga que, además de que limpie lo ensuciado, mandarle también a su
habitación.
Para finalizar
dejamos algunas preguntas para plantearse al elegir consecuencias o castigos:
- ¿Es sensato? ¿Es una consecuencia lógica y
prudente por lo que ha hecho el niño?
- ¿Previene la repetición? ¿Enseña al niño a no
cometer el mismo error de nuevo?
- ¿Hace al niño responsable de sus actos?
lunes, 20 de enero de 2014
El ocio y tiempo libre
El
ocio es el tiempo para hacer otras actividades distintas a las habituales.
Todos
disponemos de un tiempo limitado para desarrollar el proyecto personal que
somos cada uno. En la vida hay trayectos en los que tenemos una ocupación
absorbente ya sea porque estudiamos o trabajamos, pero luego hay mucho tiempo
intermedio en el que nos dedicamos a otras cosas para divertirnos, descansar...
La idea
que tienen que tener clara nuestros hijos, es que estar ocioso no es estar sin
hacer nada, sino dedicarnos a otras actividades que nos gustan, nos lo hacen
pasar bien, y además nos forman.
Gran parte
de las conductas que se incorporan en un niño en el hogar es a través de la imitación
que hacen los hijos a los padres. Hemos de ser muy conscientes de este
mecanismo para no cometer errores educativos.
De ahí que
los padres tienen que ir por delante en el aprovechamiento del tiempo libre, a
qué se dedican, si lo hacen con aprovechamiento o si se quedan sin hacer nada
frente al televisor, si tienen suficientes hobbies, si saben abrir nuevos
campos de interés entre los que les rodean....
Por la
imitación que hemos dicho de las conductas de los padres por los hijos, es
frecuente que las aficiones de los padres, sean muy parecidas con las de los
hijos, aunque hemos de respetar los propios intereses que tienen éstos.
Hemos de
tener en cuenta que la finalidad del aprovechamiento del tiempo de ocio es desarrollar
otras habilidades secundarias de la persona que contribuyen a la formación
integral de la misma, como pueden ser las habilidades físicas o manipulativas.
Además de ellas, otro de los objetivos tiene que ser el fomentar el espíritu de
unidad entre los miembros de la familia, y las actividades para el ocio son un
medio extraordinario para ello. Cuando los miembros de un grupo hacen las
mismas cosas, comparten las mismas vivencias y sienten parecido.
Hemos de
tratar pues, que existan unos núcleos de intereses comunes en la familia,
adaptados a los niveles de desarrollo de sus miembros. Esta tarea la tienen que
empezar los padres desde cuando son muy pequeños los hijos, animándoles a la
práctica de actividades, en las que los hermanos mayores ya están introducidos.
Una de las
dificultades que surgen es los distintos intereses que tienen por distintas
edades que tienen los hermanos. Cuando hay poca diferencia de edad entre los
hermanos todos participan de las mismas actividades, pero a partir de la
adolescencia los intereses pueden ser muy divergentes.
El nivel de satisfacción que se obtiene en una actividad es directamente proporcional al
nivel de implicación que la persona ha tenido en dicha actividad, como
principio general.
En el tema
que estamos hablando sucede lo mismo, hemos de tener en cuenta que con las actividades
de ocio, tiempo libre, tratamos de descansar, divertirnos y completar nuestra formación.
Por ello,
los padres tratarán de dar encargos, pedir opiniones, realizar gestiones, etc,
en las actividades donde sea posible. Por ejemplo, en la actividad familiar de
hacer una excursión surgen los siguientes encargos y situaciones para tomar decisiones:
· Lugar al que se va a ir
· Propuestas de itinerarios para ir al sitio decidido
· Información sobre sitios a visitar y qué se va a ver
· Dónde almorzar
· Preparación de materiales: fotografías, gorras, zapatos...
Conviene
que los encargos sean en la medida de lo posible rotativos para que todos los
hijos participen de lo que más y menos les gusta en la preparación, siempre que
lo permita la edad y características de los hijos.
miércoles, 15 de enero de 2014
Video OPI
¡Descubre parte de lo que hacemos en nuestro centro OPI con un vídeo explicativo!
http://www.youtube.com/watch?v=DcCuhgC7up8&rel=0
http://www.youtube.com/watch?v=DcCuhgC7up8&rel=0
martes, 14 de enero de 2014
Seguir instrucciones
Una de las labores más difíciles a las que los padres se enfrentan seguido es enseñar a sus hijos a seguir instrucciones. Es mucha frustración para toda la familia cuando los padres tienen que repetir las mismas instrucciones a sus hijos ("Recoge los juguetes"). Las sugerencias que se ofrecen a continuación pueden ayudar a los padres a enseñar a sus niños a seguir las instrucciones la primera vez que se les dice.
Esté preparado a reforzarlas. Los padres deben evitar dar instrucciones a sus hijos si no están preparados a hacerlas cumplir. Si los padres no hacen cumplir sus instrucciones, los niños aprenden que los padres no hacen que se cumplan sus órdenes.
Llámeles la atención. Los padres deben siempre hacer que sus hijos pongan atención antes de darles las instrucciones. Deben evitar también gritar las órdenes desde otro cuarto.
No haga preguntas. Los padres deben evitar parafrasear las instrucciones como preguntas (por ejemplo, no diga "Joaquín, ¿te parece bien recoger los juguetes ahora?).
No sea impreciso. Los padres deben evitar dar instrucciones imprecisas como "Pórtate bien," o "Ten cuidado". Puede haber una gran diferencia entre la manera en que el padre y el niño interpretan una dirección imprecisa como "portarse bien." Los padres deben asegurarse que sus órdenes sean claras y específicas.
Dígales lo que tienen que hacer. Los padres deben tratar de dar instrucciones que hagan saber a los niños lo que tienen que hacer en lugar de lo que no tengan que hacer. Por ejemplo, es mejor decir "Permanece a mi lado," que "No te alejes de mí."
Elógielos. Los padres deben elogiar a sus niños en cuanto han empezado a cumplir una orden. No se necesita esperar hasta que la orden sea cumplida para elogiarlos.
Demuestre aprecio. Cuando una tarea ha sido cumplida, los padres deben hacerle saber a sus hijos que aprecian su cumplimiento.
Ponga un límite de tiempo. Si los niños no empiezan a cumplir una instrucción en diez segundos, los padres deben darles un tiempo fuera inmediatamente.
No repita las advertencias. Los padres deben evitar el dar a sus hijos advertencias repetidas.
Los niños pueden aprender a obedecer órdenes después de una a ninguna advertencia, de la misma manera en que aprenden a obedecer después de cinco o seis advertencias.
Repita la orden. Una vez que se ha cumplido con el tiempo fuera, los padres deben repetir la orden a sus hijos. Si no empiezan a cumplir con lo que se les dice, tiene que usarse el tiempo fuera de nuevo. Este proceso debe repetirse hasta que los niños aprendan a cumplir con la orden.
domingo, 12 de enero de 2014
Fomentar hábitos alimenticios saludables
La
dificultad en los hábitos de comida es tema frecuente en la mayoría de consultas
de pediatras y de servicios de orientación.
Al ser la
alimentación una necesidad básica en la vida, su importancia es evidente. La
sociedad, además, valora y exige unas adquisiciones básicas en los hábitos de
comida.
La
alimentación no implica simplemente el acto de comer sino también una serie de comportamientos o conductas que se
adquieren progresivamente en el ámbito familiar y en comedores escolares.
Estas
conductas se aprenden a lo largo de las etapas de Educación Infantil y Primaria
de forma paulatina y se basan en la relación adulto-niño.
Hábitos
de alimentación:
Las actitudes de un niño y la distribución del horario a lo largo
del día (tiempo de sueño, trabajo escolar, juego, actividades extraescolares y
relación familiar) repercuten en sus hábitos alimentarios y en su apetito.
Los
problemas en la alimentación son frecuentes en la etapa infantil. En los
primeros meses puede darse un rechazo al pecho o al biberón o presentar cierta
incapacidad para mamar; más adelante pueden aparecer manías a la hora de comer
o comer de manera insuficiente.
La
inapetencia se manifiesta en el escaso o nulo apetito que se repite de forma
continua a las horas de la comida. Con frecuencia afecta a niños/as de la etapa
infantil.
En la
mayoría de casos no se observa causa orgánica que motive la falta de interés
por la comida y, en general, se trata de niños/as sanos que se desarrollan
dentro de los parámetros normalizados.
La
inapetencia puede ser continua o temporal debido a:
a) Acontecimientos familiares o sociales:
– el
nacimiento de un hermano/a.
– la
entrada al colegio o guardería.
– el
fallecimiento o pérdida de un familiar...
b) Un proceso de aprendizaje inadecuado:
– la
ansiedad del padre/madre ante uno o varios episodios de inapetencia que pueden
llegar a angustiar a todos los miembros de la familia y producir rechazo de la
comida.
– en
muchos casos, el adulto sobrevalora la comida y relaciona la cantidad con la
salud de sus hijos. De aquí deriva una excesiva atención e insistencia, lo que
produce a su vez un círculo vicioso difícil de cortar.
– la
anarquía en los horarios o comer entre horas.
– el abuso
de alimentos dulces, chucherías, refrescos,...
c) Causa física:
– la
dentición.
– una
enfermedad.
– un
accidente....
¿QUÉ DEBEMOS HACER?
Ante una
inapetencia continua es necesaria una valoración del pediatra para conocer el
estado de salud del niño/a, si requiere un aporte vitamínico o tratamiento de
estimulación del apetito.
Puede ser
que, tras un chequeo médico, el niño se encuentre bien y, por tanto, los padres
deben asumir que come lo que necesita.
Si la
ausencia de apetito coincide con uno de los acontecimientos mencionados
(dentición, enfermedad, nacimiento de un hermano...), debemos entender ésta
como una llamada de atención o como síntoma de un bajo estado de ánimo ante el
cual los padres pueden recurrir a una consulta profesional.
En caso de
producirse un proceso de aprendizaje inadecuado de los hábitos de comida, tenemos
que tener en cuenta que la actitud de los hijos depende, en buena parte, de la
actitud que adopten los padres. El modelo de conducta que asuma será el que la
familia le ofrece.
Es también
importante establecer unas pautas básicas que se han de mantener, como son:
– Que el
acto de comer sea una acción relajada y tranquila.
– La
permanencia en la mesa durante el tiempo de las comidas (estableciendo un
tiempo mínimo y uno máximo de estancia sin levantarse).
– Comer el
menú según el orden de presentación.
– Hacer de
la comida un momento de encuentro y convivencia, y evitar comer cada uno a su hora;
esto va a favorecer el aprendizaje por imitación.
– Evitar
compaginar otras actividades con la comida (ver la televisión, juegos,
periódico...)
–
Explicitar unas formas de comer adecuadas de manera progresiva. Es decir, que
el niño conozca las normas de su casa: uso de servilleta, postura en la mesa,
empleo de cubiertos...
–
Posibilitar la degustación de alimentos nuevos en pequeñas dosis y, aun
respetando el rechazo hacia algunos alimentos, procurar no caer en la cesión a
caprichos.
– Conviene
negociar con antelación una cantidad mínima (sobre todo de aquellos alimentos rechazados
por el niño) e ir ampliando la cantidad poco a poco.
– Evitar
que los niños coman entre horas y abusen de dulces y chucherías.
Estas
pautas pueden ser puntos de reflexión para los padres que, a partir de las
mismas, pueden establecer conductas adecuadas.
El
seguimiento de estas pautas creará unos hábitos adaptados y duraderos. Si el
niño cumple con las normas familiares se le reforzará con atención, alabanza,
elogios, etc...
Cuando el
niño o la niña adopte una conducta inadecuada a la hora de comer, los adultos
no deberán manifestar gritos, enfado, ansiedad y/o castigar. Se le debería
retirar el plato, una vez finalizado el tiempo acordado. En la próxima comida,
se mantendrán las mismas normas.
Las pautas
se adecuarán a las fases madurativas del niño. Para esto, conviene que los
padres las contrasten con las de otros compañeros y familias con hijos de
edades similares.
Como
criterio básico se dejará que el niño realice todo lo que puede hacer por sí
solo aunque esto sea más costoso en tiempo y esfuerzo.
miércoles, 8 de enero de 2014
Los niños/as que duermen con sus padres
Algunos padres, cuando
el niño se despierta por la noche, se lo llevan a su cama para evitar tener que
desplazarse a su habitación en caso de volver a despertarse. Esto es una mala costumbre
que el niño termina adoptando y una vez que ha cumplido cierta edad, dos o tres
años, es bastante difícil volverlo a acostumbrar a dormir solo en su cama y en
su habitación.
Orientaciones
para devolver al niño a su cama:
· Para
lograr que vuelva a acostarse en su cama, debemos ser tiernos a la vez que firmes
con él. Tenemos que explicarle a nuestro hijo/a que es lo que va a ocurrir a
partir de ese momento, que debe aprender
a dormir en su habitación y en su cama. Si el niño/a va hasta la habitación de
sus padres, hay que hacerle volver a su cama y meterlo en ella sin demasiadas
contemplaciones.
· Debemos
iniciar el ritual que tenemos establecido para la hora de dormir, contarle un cuento,
darle un beso de buenas noches y explicarle que dentro de un rato volveremos. El
objetivo es que el niño/a se quede solo en su habitación y no importa que no se
duerma.
· Al
principio el niño/a intentará por todos los medios volver a la rutina anterior
(llorará para ir a la cama de los padres), ya que él no entiende que debe
dormir solo, es normal, cuando está acompañado de sus padres o familiares todo
el día, no le gusta el momento en el que se tiene que quedar solito.
· Con
los días, aumentaremos los tiempos de espera para ir a verle hasta que se duerma.
Con este sistema, empezará a dormirse solito sin reclamar nuestra presencia.
· Si el
niño/a vomita debemos mostrar calma, acercarnos a su lado y decirle que no pasa
nada, le limpiamos y le cambiamos la ropa y nos quedaremos con él hasta que se calme,
pero después le diremos que tiene que dormirse él solo y nos marchamos.
· Utilice
recompensas por el hecho de dormir solo o los progresos hacia esa meta. Asegúrese
de expresar lo orgulloso que se está de él y que es un "chico mayor".
Préstele una atención especial y sea cariñoso con él durante el día.
· Hacer
su habitación más atractiva, no significa redecorarla sino cambiar algunos aspectos
y que el niño sea participe de ellos.
· Establecer
un horario regular de sueño.
· Se
puede utilizar un contrato en el que tendrá algún premio por dormir en su habitación,
se marcará en un almanaque los días que ha tenido éxito, acordando previamente
el premio a final de mes, si se comienza con refuerzos continuos pasar poco a
poco a refuerzos intermitentes.
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